Gratitud no dualista, eterna juventud.
Dicen que la gratitud y la bondad alargan los telómeros.
El último libro que leí lo explica muy bien, tanto a nivel espiritual como a nivel científico. El libro se titula La biología de la gentileza, y está escrito por Daniel Lumera, biólogo naturalista e Immaculata de Vivo, especialista médica de la universidad de Harvard.
Los telómeros son las estructuras en los extremos de los cromosomas que protegen nuestro ADN del daño y el envejecimiento. Con el tiempo, los telómeros se acortan, lo que está relacionado con el envejecimiento celular y diversas enfermedades.
A lo largo del libro explican cómo la experiencia prolongada de gratitud protege y repara los telómeros y por lo tanto rejuvenece y alarga la calidad de vida de nuestro cuerpo.
Pero ahora viene un giro inesperado:
Si nos abrimos a un paradigma no dualista, como es mi caso, me doy cuenta de que la gratitud que conocemos, —gratitud del mundo—, la que solemos sentir y comunicar a los demás con buena educación, quizá no es tan poderosa.
Creo que la gratitud de la dualidad no es verdadera, aunque puede que su intención sí lo sea. Hay que hilar fino.
¿Por qué no es verdadera?
Porque en la percepción dualista que experimentamos tú y yo ahora mismo, todo cambia, todo puede ser comparado y juzgado. Y como decía nuestro querido Pau Donés: todo depende.
Pongo un ejemplo:
Si me haces un regalo el día de mi cumpleaños, ¿me sentiré agradecida?
Depende.
Según mi mente egoica, me sentiré más agradecida si me gusta el regalo que si no me gusta; me sentiré más agradecida si creo que lo merezco que si no; si es caro que si es barato; si me caes mejor que si me caes peor; si has dedicado tiempo a buscar algo acorde con mis gustos que si has elegido según tu propio criterio. También dependerá de si me entregas el regalo con ilusión o con desgana o de si tengo un buen día o estoy de mal humor.
Este es un proceso inconsciente, así que aunque creamos que “no, a mí eso no me pasa, yo soy una persona super agradecida, lo importante es la intención…”, si nos fijamos, podemos empezar a detectar esa serie de percepciones que se dan en nuestro fuero interno.
Así que podemos ver como en este caso hay “grados de gratitud”, lo cual no demuestra ser una emoción elevada.
Otro ejemplo que puede servir para entender la crudeza de la gratitud desde el punto de vista dualista/egóico es el siguiente:
Imagínate que te acuestas en la cama por la noche, te tapas con tu nórdico de flores y das gracias por tener una cama y un techo para tu pareja y para ti.
¿Cómo puede llamarse esto gratitud, habiendo personas sin cama ni techo?
Vuelve a hilar fino: ¿No es esta una gratitud un tanto egoísta? “Qué bien cariño, tenemos cama y techo. El vagabundo que está en el portal no tiene, pero nosotros sí, demos gracias…”.
No señor. Si no todo el mundo tiene lo básico, no puede ser gratitud lo que siento por lo que yo sí tengo.
(Que no cunda el pánico, vienen buenas notícias…)
La gratitud pura, o gratitud no dualista, sería, en todo caso y en este caso en particular, hacia la toma de consciencia, hacia la mente espiritual que todos compartimos:
me doy cuenta de que tengo una cama y un techo y agradezco ser consciente de ello; y por eso, no voy a tumbarme en este cómodo lecho a preocuparme por cosas que aún no han pasado ni a criticar a mi cuñado en mis pensamientos. Siento gratitud por estar experimentando un momento de auténtica presencia.
Me permito disfrutar de mi cama calentita sabiendo que ésta no es la protagonista de mi gratitud, porque mi gratitud no depende de nada de este mundo, sino de la consciencia que puedo experimentar en cada momento y a la que todo el mundo tiene acceso (mi pareja, el vagabundo, las personas ricas, pobres, enfermas…).
Quizá la diferencia puede parecer sutil, pero para mí, en la experiencia y en la práctica habitual la encuentro abismal.
La gratitud es un acto de amor hacia el presente.
No necesitas tener un aspecto divino, una pareja para siempre o un apartamento en Torrevieja para sentir gratitud. Porque si no, cuando tu piel envejezca, desaparezca tu pareja o no consigas el apartamento ¿dónde quedará tu gratitud? ¿será esta tan frágil?
Si la gratitud depende de algo, no puede ser verdadera.
Cuando pasé por una enfermedad (de la piel) recibí este mensaje ¿canalizado? mientras escribía en mi diario: No necesitas sanar para sentir gratitud. La gratitud te sana.
La práctica de la pura gratitud va abriendo cada vez más este espacio de consciencia, este darnos cuenta, este estar en paz con lo que haya.
La práctica de la verdadera gratitud alarga los telómeros. ¿Pero sabes qué? Que eso es solo una consecuencia muy agradable, ya que viviendo en gratitud dejarán de importarnos tanto nuestras circunstancias.